Yogures: el postre que servía para todo
Los yogures de sabores de siempre, los desnatados, los pasteurizados después de la fermentación… encontramos muchos tipos de yogures en los pasillos de nuestro supermercado, pero no sabemos cuál es mejor para nosotros. Ni siquiera sabemos cuáles son las propiedades de cada uno.
A veces compramos yogures para nuestras meriendas y postres pensando que tienen unas propiedades que en realidad no tienen. Y es que no todos son iguales. Por ejemplo, mientras unos favorecen el tránsito intestinal, otros hacen totalmente lo contrario. Pero vamos a verlo más detenidamente…
Características de un yogur
Los yogures provienen de la leche entera o parcialmente desnatada que ya antes ha sufrido un proceso de pasteurización y homogeneización, y a la que se le añaden un tipo de microorganismos. La lactosa se convierte en ácido láctico que consigue la pre-digestión de proteínas y grasas. Así, nuestro organismo las digiere mejor y se consiguen el aroma, sabor y consistencia final. Por su parte, los yogures con bífidus son más cremosos y menos ácidos.
La diferencia que no comparten los yogures pasteurizados después de la fermentación con el resto de yogures en su proceso de obtención es que sufren un tratamiento térmico final que inactiva las bacterias lácticas.
Lo que aportan los yogures a nuestra salud
El proceso de fermentación al que están sometidos los yogures consigue que sus nutrientes se aprovechen mejor que los de la leche. Y es que las bacterias y los fermentos lácticos son beneficiosos para nosotros.
La cantidad diaria recomendada de calcio para un adulto es de 800 miligramos. Cada 100 gramos de yogur nos aportan un 16%. También aportan fósforo, vitaminas A y D, proteínas y riboflavina.
En caso de problemas de salud, como diarrea, estreñimiento o intolerancia a la lactosa, estos postres también están muy recomendados. También en caso de dieta, para los diabéticos o los que tienen altos niveles de triglicéridos o de colesterol en sangre.
Al tratarse de un postre con tal alto nivel de calcio, ayuda en la prevención de la desmineralización de huesos y dientes. También contribuyen en la hidratación de nuestro cuerpo, gracias a su alto contenido en agua.
Su conservación es muy sencilla: salvo algún tipo específico, necesitan frío. Y es que hay varios tipos de yogures: completos, enriquecidos con nata, desnatados, con o sin queso, con frutas frescas trituradas o en trocitos, con cereales, con azúcar, con frutos secos… Sólo tienes que pasarte por tu supermercado y ver la gran variedad que hay, y elegir la que más se adapte a tus gustos y necesidades.
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