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Aprende a vivir mejor


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Hoy día, vivimos en un mundo articulado en torno a la creación de necesidades nunca satisfechas, con las que se pretende empujar al cliente al más absurdo y compulsivo consumismo. La Sociedad de Consumo requiere para su sustento de continuas víctimas a las que camelar con nuevos productos y servicios completamente accesorios y prescindibles, más presentados como el paso último para el alcance de la felicidad.

Como decía, para llevar a cabo una política tan perversa, el sistema se ve obligado a crear, continuamente, falsas necesidades en el consumidor, siendo una de las más habituales el afán de perfección y el culto al cuerpo. Es muy loable que uno quiera cuidarse, estar guapo, “sacarse el máximo partido”; pero la psicosis generalizada que comienza a extenderse con pavorosa rapidez entre la población, es cada vez más preocupante. Y son las técnicas propagandísticas quienes se encuentran detrás de este revuelo, pues se nos ha vendido, aunque con gran sutileza y buenas formas, que la belleza es una de las más importantes claves del éxito, y la perfección, el camino directo al más absoluto triunfo.

Y ellos, ¿qué ganan?

El mundo de las dietas y el adelgazamiento, los productos de belleza y la moda, constituyen, si no el principal -aunque me cuesta encontrar parangón-, al menos un pilar básico de nuestro sistema económico. ¿Se han planteado alguna vez lo rentable que le sale a la industria textil, alimenticia, estética, farmacéutica y a tantas otras, que un solo individuo se ponga a dieta? porque ponerse a dieta no implica solo comer menos. Al sujeto que decide “empezar a cuidarse” se le exige, al tiempo, la compra de alimentos bajos en grasas y aporte calórico, a la vez que ricos en fibras purificadoras, que habrá que compaginar con algún tipo de píldora o potingue milagroso que haga más rápido y efectivo el largo proceso. Pero, además, deberá apuntarse a un gimnasio, pues no sólo importa perder, también es necesario endurecer, así como surtirse de cremas varias que faciliten la tonificación y la esbeltez. Y, en cuanto pierda un mísero kilo, no podrá perder un instante para lanzarse a por esa falda que siempre quiso pero le hacía cartucheras o aquella camisa que antes no pudo ponerse porque le hacía mucha barriga.

Y las depresiones, anorexias, estreses y demás trastornos psicológicos que toda esta patraña pueda generar poco importan, no olvidemos que estamos contribuyendo al sostenimiento del sistema.

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