La dieta disociada
Bajo el principio de que no se deben mezclar distintos tipos de nutrientes, las dietas disociadas son una opción para quienes buscan bajar de peso rápidamente, ya sea por razones deportivas (para mejorar el desempeño), estéticas (para bajar una talla de ropa) o sociales (porque tenemos una reunión social y queremos vernos en nuestras mejores condiciones).
Este tipo de dietas es ideal para aquellos que no cuentan con la paciencia necesaria para estar calculando las calorías de cada porción, ya que muchas veces los alimentos pueden ingerirse en cantidades ilimitadas. Por ello mismo, no se pasa apetito. Sin embargo, estas dietas deben ser muy puntuales y llevarse a cabo –como máximo- durante una semana al mes, ya que la carencia de algunos alimentos puede generar trastornos en el organismo.
Recuerda que siempre que inicies una dieta es conveniente consultar primero con un nutricionista.
Dieta disociada: alimentos prohibidos y alimentos permitidos
Esta dieta te exige que no mezcles jamás alimentos ricos en proteínas con alimentos ricos en hidratos de carbono: por eso, no puedes siquiera juntarlos como acompañamiento. Olvídate de los bocadillos de jamón y queso, del arroz con pollo o de los tallarines con estofado. Sin embargo, los alimentos permitidos –salvo que se especifique lo contrario- pueden ser consumidos sin restricciones.
Mientras dure tu dieta, debes evitar a toda costa consumir lípidos (aceites, margarina o manteca), legumbres (guisantes, porotos, garbanzos), azúcar y miel, infusiones, jugos, bebidas alcohólicas y bebidas gaseosas (incluso las dietéticas). Los únicos condimentos permitidos son la sal, las hierbas, el jugo de limón (los últimos tres días), el vinagre y el edulcorante artificial).
Las dos etapas de la dieta disociada
Esta dieta se divide en dos etapas de tres días cada una. La clave consiste en que durante los primeros tres días, sólo se consumen alimentos proteicos, y durante los siguientes tres días, los hidratos de carbono. Recuerda que nunca debes mezclarlos.
Alimentos típicos para ingerir en la primera etapa son los yogures descremados (sin agregar frutas o cereales) o la leche, el queso magro, las carnes (de vaca, pollo o pescado), el huevo (nunca frito).
En la segunda etapa dejas de comer alimentos proteicos y te concentras en los hidratos. Aquí tienes permitidas algunas frutas, como el melocotón, las fresas, la manzana, el pomelo o la naranja (ideales como desayuno o merienda), el arroz integral, la avena, el salvado de trigo, pastas cocidas (no más de dos tazas por comida) y el pan integral.
Esta dieta tiene la ventaja de que te permite bajar rápidamente de peso, y de que dura sólo unos días. Eso sí, asegúrate de volver a una alimentación balanceada para no desgastar a tu organismo.
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