Concentración, la mejor compañía
Para cualquier actividad, por nimia que sea, necesitamos estar concentrados. Cuando hacemos algo sin estarlo los resultados suelen ser muy pobres. Y como las cosas o se hacen bien, o mejor no hacerlas, he aquí unos trucos para concentrarse.
Cuando estamos concentrados somos capaces de desarrollar nuestras capacidades al 100%. Así podemos ahorrar tiempo y esfuerzo en nuestras acciones. Y los resultados siempre serán más exitosos que si hacemos algo sin ganas.
¿Qué es la concentración?
La concentración consiste en conseguir fijar en un punto concreto nuestra mente, sin dejar que las distracciones externas nos interrumpan y nos hagan evadirnos lejos de lo que nos ocupa. Pero no sólo los elementos externos son nuestros enemigos, también la actividad de nuestros sentidos, e incluso nuestra propia mente.
Para concentrarnos en una idea tenemos que fijar nuestra atención en ella. Para conseguir el máximo nivel de concentración debemos fijarnos en el conjunto de la idea o del objeto, pero también en cada uno de sus detalles.
Y es que hasta lo más sencillo necesita aprenderse. Y no se puede aprender sin concentración. Para aprender tenemos que fijarnos hasta en el más mínimo detalle sin distraernos. Porque no podemos hacer una cosa mientras pensamos en otra. O no debemos, mejor dicho. Pensamiento y acción deben estar unidos sin que ningún elemento externo se interponga entre ellos.
La atención, nuestra mejor aliada
Está claro que sin atención no hay concentración posible. Ésta es una actividad selectiva, ya que nos permite elegir en qué queremos fijar nuestro interés en un momento dado. Para mejorar la atención, hay varios ejercicios muy sencillos, que puedes realizar en cualquier momento y que te ayudarán a recuperar la concentración.
Una práctica habitual para encontrar nuestra concentración es tumbarse en una cama y dedicarse a recordar cómo es cada parte de nuestro cuerpo. Además de ser relajante, te ayudará a concentrarte.
Otra sugerencia es meterse en una habitación en la que sepas que nadie va a molestarte. La práctica consiste en colocar un reloj en un lugar en el que todavía oigamos girar sus manecillas. Con los ojos cerrados, hay que concentrarse en el sonido de las agujas del reloj.
Pero el más sencillo, en el sentido de que se puede realizar en cualquier momento y en cualquier lugar, es intentar recordar qué cosas se hicieron ayer, o incluso, si queremos ponernos más a prueba, varios días atrás. La idea es conseguir acordarse, por orden, de todas las acciones.
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