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Aprende a vivir mejor


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Numerosos estudios demuestran que el insomnio -o bien los problemas de sueño- es cada vez más frecuente entre la población joven y adulta. El exceso de trabajo, preocupaciones, compromisos, obligaciones y falta de tiempo, nos sumen en un ritmo frenético, principal causa de nuestras dificultades para dormir.

La tendencia habitual es optar por la ingesta de somníferos o inductores del sueño, más nuestro cuerpo pronto se acostumbra a la tolerancia de éstos fármacos, lo que supone, a la larga, un efecto inocuo de los mismos.

Así, antes de apostar por la química, parece más recomendable -e, incluso, más efectivo- adoptar una serie de prácticas saludables.

Un proceso mecánico: nuestro cuerpo es una máquina compleja que, sin embargo, responde a unos principios muy simples. Por ello, es bueno realizar siempre unas mismas actividades -casi al modo de ritos- antes de irnos a la cama para que nuestro organismo se predisponga para el sueño. De igual modo, no conviene alterar los horarios, siendo muy positivo intentar siempre acostarse a la misma hora.

Cena ligera: la digestión es una de las tareas más laboriosas a las que se somete nuestro cuerpo, por lo que es recomendable que la última comida del día sea lo más ligera posible, para evitarle así un esfuerzo extra.

Los buenos alimentos: ciertos alimentos, como la lechuga o la fibra, poseen nutrientes inductores del sueño, de modo que es aconsejable introducirlos en nuestra cena.

Prácticas relajantes: la mayoría de las personas con problemas para dormir acuden a la cama predispuestos a no pegar ojo en toda la noche. Hay que esforzarse por desechar este tipo de ideas y buscar, en todo momento, el estar relajados. Por repetitivo que parezca, darnos un baño de agua caliente o tomar un vaso de leche tibia antes de acostar, nos ayudará a estar relajados, facilitando el sueño.

Actividades prohibidas: aunque parezca el consejo típico de madre, cuando a una persona le cuesta dormir, lo último que puede hacer es aquello que le le excite o altere. Hablar por teléfono o chat son, por ejemplo, actividades nada recomendables, ya que exigen nuestra participación activa, obligándonos a estar alerta.

Y si sigue siendo imposible…: si, pese a todo, llegamos a la cama y es imposible dormir, no es bueno permanecer echado más de una hora. Es preferible levantarse, estirar las piernas, salir incluso del cuarto por cinco minutos, y volver a intentarlo.

En todo caso, no se trata de recetas milagrosas. Es necesario ser constantes, estar calmados y, sobre todo, pensar que el momento de irse a la cama es uno de los mejores del día; un momento sólo para nosotros, en el que desaparecen todas esas obligaciones y compromisos, en el que tenemos siete u ocho horas por delante del más absoluto descanso.

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